EL FIN DEL MUNDO EN LA HISTORIA RECIENTE

Si durante el mes de agosto utilicé el blog para sacar a la luz las notas de mi facebook, este mes de septiembre rescataré alguna de las entradas que publiqué en otro blog con el que colaboraba hace algún tiempo, brujulastral. Blog que, parece ser, ha quedado un poco como a su suerte, por los motivos que sean.

De este modo, tendré una copia de seguridad de estos escritos, que creo interesante recordar. Empezaré con una entrada publicada el 1 de enero de 2010…

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Desde que salió en las pantallas de cine la nueva película catastrofista de Hollywood, parece como si la inquietud de la gente, con respecto al 2012, fuese in crescendo. He recibido algún correo de personas que me comentan estar preocupadas por esta cuestión. Correos en los que percibo como un intento de sonsacarme si realmente estoy convencido de que no habrá ningún fin del mundo, ni ninguna guerra mundial, o si lo digo solo para tranquilizar, y realmente pienso lo contrario.

Recientemente, en este mismo blog (me refería a brujulastral), hemos recibido la visita de una persona, Jesús, que, por lo visto, no está muy de acuerdo con mis pronósticos. Como si le hubiese molestado al atreverme a decir que no habrá ninguna guerra mundial, ni ningún fin del mundo, ni en el 2010, ni en el 2012, ni en toda la próxima década, ni en las siguientes. El comentario de Jesús, y mi respuesta, lo tenéis en el artículo sobre “un posible conflicto inminente en Oriente Medio” (artículo que se encuentra en brujulastral).

Me da la sensación de que todo este asunto está crispando a algunas personas, y que esto no es nada para lo que sucederá conforme nos aproximemos a la fecha que se supone dieron los mayas, sea esta el 21 o el 23 de diciembre de 2012. Lo curioso es que esto ya ha pasado. Esto ya lo hemos vivido antes, y no es un déjà vu, es historia.

No es la primera vez que alguien señala una fecha, como la fecha del fin del mundo, bien sea por motivos religiosos o astronómicos. Cuando la fecha es una “revelación” de un líder espiritual, las consecuencias de su fracaso predictivo suelen ser que, el grupo de feligreses, se toma este fracaso como una “prueba” para afianzarse en su fe. Y, paradójicamente, esto hace que pueda aumentar el número de creyentes, y potencia la unión entre sus miembros en torno a su líder; así como el número de críticas y de escépticos. Pero lo que nos interesa analizar aquí es: ¿qué ocurre cuando la fecha, del supuesto fin del mundo, viene dada por un acontecimiento astronómico?, como es el caso que nos ocupa en el 2012.

Pues esto mismo es lo que vivimos hace una década, con el famoso eclipse de sol en agosto de 1999, ¿lo recuerdan?. Aquello tomó proporciones de paranoia colectiva, al añadírsele una serie de factores, como son la cercanía con el año 2000, y la coincidencia con una cuarteta de Nostradamus, en la que se nos advertía de grandes tribulaciones en el séptimo mes del año 1999. El caso es que, lamentablemente, el resultado de esta suma fue el suicidio de varias personas en todo el planeta. Personas que llegaron a una fatídica conclusión, pensaron que aquellas señales marcaban el final de los tiempos, y esta angustia les empujó a poner fin a sus propias vidas. El mundo entero parecía estar asistiendo a una ceremonia de la confusión: rituales mágicos, servicios religiosos para calmar los temores que producía un simple eclipse de sol, plegarias colectivas, etc. En algunos países las autoridades se afanaron en reprimir tumultos y manifestaciones, para evitar problemas aun mayores.

¿Y qué decir de la famosa emisión de radio de Orson Welles en 1938?. Emisión en la que adaptaron el conocido clásico de H. G. Wells, “La Guerra de los Mundos”, haciendo creer a toda una nación que estaban siendo invadidos por marcianos. Es cierto que, en dos ocasiones, durante la emisión del programa, se aclaró que aquello era una simple dramatización radiofónica. Pero, por lo visto, la histeria colectiva ensordece a las personas, o quizás lo hiciesen demasiado tarde. La cuestión es que cundió el pánico en la población. De tal forma, que la alarma llegó a colapsar las líneas telefónicas, y las comisarías de policía; la gente se escondía, atemorizada, en los sótanos de sus casas, con las armas en las manos, dispuestos a defenderse de un enemigo imaginario que venía del espacio. Quedaba claro, una vez más, que el jugar con los miedos más ancestrales y primitivos, inherentes a la naturaleza humana, podía desembocar en una tragedia de dimensiones desproporcionadas, fruto del pánico instintivo del hombre de las cavernas que aun llevamos, todos, en nuestro interior.

Pero, desde luego, el caso que más me ha impresionado, y más me ha obligado a reflexionar sobre la condición humana, es el de la vuelta del cometa Halley a la Tierra en 1910. Acontecimiento del que, en mayo, se celebrará su centenario (recuerden que lo escribí en el 2010). Y resulta más que obvio que ya lo hemos olvidado, que el ser humano carece de memoria histórica, y esto le lleva a caer en los mismos errores, una y otra vez.

Los astrónomos de aquella época llegaron a una conclusión que fue mal utilizada e interpretada, por la prensa y por los lectores de Nostradamus, en aquellos tiempos. La noticia era que la cola del cometa sería interceptada por la órbita terrestre, más aun, por el propio planeta. Cosa más o menos frecuente, dadas las dimensiones de las colas de los cometas; e inofensiva, ya que la atmósfera se encargó de absorber estos gases, que no representaban mayor peligro que el que pueda suponer la contaminación de cualquier ciudad. Pero en las mentes de los apocalípticos de la época se difundió la absurda idea de que los gases del cometa acabarían con la vida en la Tierra, causando incendios y mil desastres. Todo esto sirvió, incluso, como guión para una película de cine mudo, “The Comet”, que arrasó en taquillas. Una de las primeras películas catastrofistas de la historia. Todo esto suena, en cierto sentido, como familiar, ¿no?.

El resultado final de la histeria alimentada por el cine y por una prensa sensacionalista que, con sus titulares alarmistas, anteponía la venta de periódicos antes que a cualquier otro tipo de razonamiento ético, apoyándose, sobre todo, en visionarios apocalípticos, profetas, y teorías científicas tergiversadas, fueron miles de suicidios, grotescas fiestas de “despedida”, iglesias abarrotadas de gente que quería morir en paz, pánico, caos, robos, crímenes, etc. De nada sirvieron los esfuerzos de los astrónomos por hacer comprender que se estaban exagerando las cosas. Llegó un punto en que aquello era ya imparable. Un sin sentido que, mucho me temo, puede repetirse en el 2012. A no ser que, desde ya, se empiece a poner freno a todo esto. Y los astrólogos, en esta ocasión, pueden ser uno de los colectivos que más pueda hacer al respecto, si es que quieren, claro. Aunque unos más que otros, desde luego. Porque no todo el mundo tiene el mismo impacto mediático. En lo que a mí respecta, como simple curioso y aficionado a estos temas, haré lo que pueda.

Todo este asunto lo considero muy importante, estamos jugando con fuego, pueden darse suicidios, y cosas terribles. Por eso, personalmente, no me cabe en la cabeza participar en todo esto, simplemente, para engrosar mi cuenta corriente. Además de porque, sencillamente, no va a darse ningún fin de nada. Es más, creo que mi obligación es combatir estas supersticiones medievales, en pleno siglo XXI, y lo estoy combatiendo, en la medida de mis humildes posibilidades. Porque prefiero dormir con la conciencia tranquila, y porque creo que la astrología está para ayudar a las personas, no para causarles más problemas. Además, porque pienso, de verdad, que la astrología NO ESTÁ MARCANDO NINGÚN FIN DEL MUNDO, NI NINGUNA GUERRA MUNDIAL EN LOS PRÓXIMOS AÑOS, PARA NADA. Quizás por ello, también, hay astrólogos apocalípticos que ya están diciendo, con la boca pequeña, que seguramente habrá una guerra mundial, o nuclear, o un desastre mayúsculo, o vaya usted a saber qué, pero que tampoco lo pueden asegurar al 100%, que los astros inclinan pero no determinan. O dicho en Román Paladino: “poderoso caballero es Don Dinero”, que se lo digan a los de las “pelis” catastrofistas.

Tal vez todo esto era conocido ya desde muy antiguo, y por este motivo solían decir que la fecha del fin del mundo solo la conoce el Altísimo, y que las profecías y videncias eran obra del diablo. Porque puede que ya fuesen muy conscientes de los peligros encerrados en estas prácticas, que exigen, a mi juicio, actuar siempre con prudencia y responsabilidad. De lo contrario, ya lo hemos visto, los resultados pueden ser lamentables. Como siempre, a la historia me remito.

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Acerca de astromundial

Interesado por los ciclos de la historia

Publicado el 4 de septiembre de 2012 en En General, Internacional. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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